Adjetivos y verdades que duelen, pero curan

 Photo by Diego Ibarra Meda

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Por Pavel Ibarra Meda

A pesar de que sólo tengo 30 años y estoy empezando una de las etapas más excitantes de mi vida, me encuentro en un punto de mi vida especialmente cansado de muchas cosas. Me cuesta creer la forma en la que hemos regresado de una manera tan alarmante, que a veces pienso que bien podríamos estar viviendo en algún tipo de edad obscura en la que seguimos siendo una forma de vida que se cree inteligente pero no lo es tanto. 

Pensar un poco no quiere decir que seamos inteligentes, el ser humano es naturalmente un ser compasivo que comparte la vida con otros, pero hay muchos obstáculos que evitan que cada uno de nosotros llegue a experimentar todo nuestro potencial como seres de luz. Ya se acabaron los tiempos de privacidad, se acabaron los tiempos en los que podíamos aguantar un chiste y no nos poníamos a lloriquear porque nos dijeron un apodo que nos "ofendió". Conozco personas que son políticamente incorrectas y ofensivas para cualquier tipo de estrato social, sin embargo, creo que son buenas personas en general. 

Siempre confiaré más en una persona que no tiene miedo a ofenderte con un chiste pero te trate como otro ser humano, a una persona que se ofenda por cualquier tipo de mote o término y por la espalda te mate. Esas personas falsas que por alguna razón se creen más inteligentes o mejores que todos los demás, a ellos les digo que lo siento mucho, el destino no quiso darles la dicha de gozar de un buen amigo que haría todo por ustedes. 

Es esto lo que me tiene cansado, esa gente que se hace la ofendida y se justifica en hechos históricos que sólo son un eco de lo que es el mundo en realidad. Ya nadie puede disfrutar de una buena carcajada, ya nadie puede sentir una broma como un gesto de cariño, ya todo es una ofensa y todos debemos andar con cuidado allá por donde vamos con nuestra gran bocota y cabeza de alcornoque. Todos aquellos que no terminan de entender el sentido de un chiste, son personas que probablemente de chiquitos no los amamantaron, sus padres los ignoraban mucho o tristemente, fueron rechazados toda su vida. 

Pero yo a ellos no los rechazo, los invito a que sean mis amigos. Dejen ya de tratar de ponerle adjetivos a todo, porque lejos de convertirlos en personas más cultas, sólo hacen alarde de una ineptitud disfrazada de inteligencia. Acuñar términos derogatorios para describir a otra persona, automáticamente te convierte en un cero a la izquierda porque le das la espalda al sentido del descubrimiento que la mayoría de personas deshechan cuando dejan de ser infantes. Pero nunca es tarde para recuperar esa inocencia, siempre hay esperanza de volver a hacer tus ojos brillar gracias a la satisfacción de disfrutar algo nuevo y delicioso. 

No tengan miedo a compartir, no tengan miedo a pieles de otros colores o personas con otras ideologías. Combinándolas todas es la forma en la que llegaremos más lejos como especie, denle la razón a Charles Darwin, eviten que el pobre hombre se siga revolcando en su tumba cada vez que un ser humano comete un hecho atroz. Pero de verdad háganlo, sólo decir no vale, sólo postear en redes sociales no vale. Y sobre todo, antes de crear cualquier juicio de valor y llamar a alguien de cualquier modo, pónganse de pie y véanse en un espejo por unos minutos siento honestos con ustedes mismos. Es liberador, es sano, es todo un viaje de introspección y sobre todo, es real. 

 

Los quiero.