Trying to put so much on you takes so much on me

 All Linkin' Park pictures were grabbed from the band's official  Twitter  page

All Linkin' Park pictures were grabbed from the band's official Twitter page

By Sol Pérez-Pelayo

Estaría mintiendo si dijera que yo era mega fan, o que tenía días pensando en esa banda o en él o profetizando su muerte. Aun así, tampoco voy a condenar a quienes lo hagan, o a los que de repente les entró un amor a la banda o al cantante a raíz de su muerte. No soy de las que critican a la gente porque “se hacen fans” de la noche a la mañana de algo que no conocían pero de pronto por algo como una muerte, se convierte en trending topic. Desgraciadamente los artistas valemos más muertos que vivos. Estoy hablando del reciente suicidio de Chester Bennington, el vocalista de LINKIN PARK.

 

El suicidio de una persona famosa siempre es noticia, no es la primera vez inclusive en este año, (basta recordar al gran Chris Cornell) que los newsfeeds de Facebook son invadidos por el suicidio o muerte de un cantante o músico que de algún modo marcó mi vida. La primera vez que sentí este dolor particular que me dolía por todos lados pero al mismo tiempo sin una localización real, fue con Kurt Cobain.

Así fueron suicidándose ídolos que yo aún sin conocer en persona, pude sentirme más cercana a ellos que con las personas con las que convivía a diario. Esto es, porque la conexión que compartimos es directa de ese sentimiento incomparable que te provoca una canción, cuando te toca, como algo antiguo, como si leyera algo dentro de ti que nada ni nadie mas puede.

Desde una edad muy temprana he disfrutado mucho de la música y sobre todo del rock y metal. Cuando yo estaba creciendo en el comienzo del milenio, muchas cosas se estaban innovando, y aunque yo gastaba hasta mi último “domingo” en CDs, los MP3 comenzaban a invadir la industria de la música. De cualquier modo, aunque yo era fan del metal vieja escuela como el Thrash, Black nórdico y Death americano o europeo, lo que me tocó disfrutar como parte de mi formación y no sólo musical tocando en mi banda, sino musical en formación como una chica con gustos no comunes en un mundo lleno de estereotipos, fue por supuesto y sin lugar a dudas, el llamado Nü Metal.

Este género se diferenciaba de todo lo que yo hasta entonces había escuchado porque combinaba diferentes estilos. Éstos tenían sin duda gran influencia del heavy metal, los riffs eran comunes y repetitivos mientras los solos virtuosos del antiguo heavy metal desaparecieron. Las voces eran una composición de vocales limpias, aunadas con elementos de hip hop, rap y hasta un poco de gutural. Todo esto en ese momento no lo había analizado con tanto detenimiento. Yo tenía 14 años en un mundo donde me buscaba encontrar camino, tocando el bajo, en el atletismo o escribiendo poemas. Pero fue en la música donde descubrí un refugio especial. Creo que muchos participamos de esta melomanía casi psicopática, de esa conmoción donde el mundo se detiene, se parte en mil pedazos y cada uno de ellos perfila una fracción de nuestro soundtrack personal que forja nuestra vida y nos profesa un contexto que ilumina ese momento, el cual es único y que nunca volverá a existir.

 

A los que nacimos en la última mitad de los 80s nos tocó ser adolescentes justo cuando el milenio estaba a punto de adherirse en nuestras vidas como un huracán. Es cierto que teníamos toda nuestra vida hablando de eso, que conjeturábamos que habría carros volando y robots con humor como en los Supersónicos, pero entre más se iba acercando la fecha, todo eso parecía una alucinación. Recuerdo también durante esta época haber descubierto a Friedrich Nietzsche, persona que se quedaría conmigo el resto de mi vida. Descubrí el nihilismo y qué como yo, habían existido ya escritores que sentían esta extraña rabia que quizás formaba parte de mí. De un comportamiento hormonal recién adquirido, de un tipo de enojo adolescente sin justificación específica, pero que conformó gran parte de mi personalidad. En un mundo donde Rick Rubin era el productor con las bandas alternativas más escuchadas del mundo, buscaba encontrarle sentido a mi vida por medio de la música cada día. Con estas letras me había identificado en el grunge, pero el Nü metal cayó justo en el momento perfecto.

Hicimos clic, las letras de enojo, de frustración y el entrar en un milenio cada vez menos humano, cada vez más dedicado a lo terrenal era parte de lo que conformaba mi dedicación a toda esta corriente en la cual crecí.

Aunque siempre me he inclinado más por lo pesado, lo brutal, lo ácido, encontré un día que dentro de mi amor incondicional al Black Metal nórdico, a Metallica,  a Sepultura y recientemente adquirido a Korn y a Slipknot había lugar para algo que nunca había existido hasta entonces en mis gustos musicales.Era mi hábito de cada semana, ir a las tiendas de discos y gastar hasta mi último centavo en discos que había descubierto en el programa de radio el Despeñadero o uno que existía hace mucho que se llamaba Metalmorfosis en radio Universidad de Guadalajara, cuando me topé con HYBRID THEORY. Se dice que no se debe de juzgar un libro por su portada, y estoy de acuerdo de eso,  porque la portada a mi gusto era espantosa, y como mencioné me gusta la música mas “pesada” en cambio, decidí darle a esta banda de la cual había leído en HIT PARADER pera que jamás había escuchado; LINKIN PARK una oportunidad.

 

 

A las pocas veces que lo escuché, el disco se convirtió  en uno de mis discos favoritos del momento. No tardé en buscar mas información y encontré una foto que es de los recuerdos más intensos que tengo de mi adolescencia. Era una foto promocionado el disco Hybrid Theory; eran los brazos tatuados con flamas de Chester Bennington, así sin cara, enmarcaban un micrófono y en seguida, encantaron mis pupilas En segundo de secundaria los brazos en flamas de Chester fueron la portada de mi cuaderno de English Literature. Tan sólo en los Estados Unidos vendieron 10 millones de copias de su álbum debut, seamos fans o no seamos fans, tendríamos que estar negados al no aceptar que fueron una influencia de cardinal escala, por lo menos en el género. Yo estaría siendo hipócrita al decir que no marcaron mi vida de algún modo, por lo menos con ese álbum. Es cierto como dije al comienzo, que ya no era seguidora la banda, que me había alejado mucho ya inclusive del NÜ Metal y me he quedado estacionada ya para siempre en el Death y el Black metal, géneros de los que siempre he escuchado con singular alegría y entusiasmo, por lo cuales Linkin Park y el Nü Metal no duraron en mi vida.

Hablando de la trascendencia, lo más valioso que nos deja un artista o un escritor es su legado. Una de mis obsesiones más pronunciadas tanto en mi vida como en mis escritos es la idea vivir eternamente mediante una obra que logre la trascendencia a través del tiempo. Es la única forma de vivir más allá de la vida etérea que tenemos, de que sigamos en el mundo aun después de haber dejado de respirar.

Con la noticia del supuesto suicidio de Chester Bennington, la cual de verdad encontré lamentable, resurgieron en mí las antiguas ideas del suicidio. El suicidio era un tema que me obsesionaba de adolescente, el tener el control de tu vida al punto de decidir cuando terminarla, no tanto como una última salida a una vida con la cual ya no puedes y decides dejar. Ambos puntos son vertientes por las cuales las personas quizás cesan con su vida, pero realmente me intrigaba la idea de ¿por qué tanta gente que yo admiraba se suicidaba?

Nietzsche habla de su teoría del Eterno Retorno; se repite lo mismo por siempre. Alguien que sufre mucho, ¿por qué querría repetir lo que con la muerte pudo acabar? La idea de repetir lo mismo involucra la idea de amor fati o el amor al destino. Hay voluntad de vivir, pero esto también implicaría que hay voluntad de morir. La voluntad de poder acuñada por Nietzsche crea al superhombre después de anunciar la muerte de Dios y entrar en nihilismo inevitable.  Resulta quizás un poco aterradora la idea del Eterno Retorno, pues sabemos que pasa al final siempre, sabemos que moriremos. Pero no sabemos la mayoría del tiempo cuanto nos queda de éste y ni la causa de nuestra muerte. Si nos ponemos contra el infinito, el tiempo, el espacio y el universo tendríamos la idea de que no somos nada en sí, nuestra existencia se va a reducir a si bien nos va 70 y pico de años y contra el tiempo eterno es una insignificancia. ¿Es que gracias a esto, pudiéramos decidir vivir intensamente? ¿Vivir pensando en que podría ser el último día?

Haciendo un paralelismo, quizás hasta medio injusto; Chester Bennington y Linkin Park tuvieron en su tiempo bastante éxito, pero era cierto que ya no gozaban de tal ni de total apoyo de sus fans como lo fue en un principio. Ahora que ha muerto, y que ha decidido voluntariamente dejar este plano, sus fans quizás arrepentidos muchos de haberlo abandonado en su camino como seguidores, han resurgido de las profundidades de sus ordenadores o quizás muchos sean nuevos. Como dije, yo no condeno esto, cada quien sabe que hace y lo que dice. La muerte de alguien más abre en los humanos un cierto sentimiento de culpa y de miedo, porque vemos en ella nuestra propia muerte, nuestra impotencia de poder hacer algo, porque ya es demasiado tarde. Ya es demasiado tarde para Chester, para toda la gente que le llamó poser  o vendido o que dejó de admirarlo a conveniencia. Ya es tarde también para todos ellos que aún lo quieren y que su muerte ha dejado un hueco en su vida, hayan sido sus cercanos o no. No obstante, sólo es tarde de algún modo para la vida, para poder hacer algo más con ella. El suicidio de Chester despertó en mí estos sentimientos nihilistas que descubrí a la par de su banda y de mi guía intelectual. La filosofía y la música siempre van a formar parte de mi vida y de la forma en que la veo y la analizo.

De cualquier manera, nuestra idiosincrasia mexicana de tratar con la muerte como algo chusco nos permite hacer bromas de las tragedias a la brevedad posible. Los memes o mofas de algo que un principio es algo aberrante no se hacen esperar. No estoy segura si es ya algo de nuestro geist mexicano o si de plano ya estamos insensibles ante el dolor ajeno, cosa que me aterroriza. Hay miles de opiniones: que si era un egoísta, que de que le servía tanta fama, familia etc. La verdad es que no podemos ni tenemos derecho a juzgar a nadie, pero se me olvida que en las redes todos hemos sido así, jueces déspotas de situaciones que en verdad no nos incumben, que hay expertos en todo aunque no hayan estudiado nada.

Hasta ayer tenía mucho tiempo que no escuchaba a la banda y quizás como muchos dicen sólo por el furor o el recuerdo los puse. Puedo decir honestamente que me transporté a mi adolescencia, de nuevo tenía 15 años, descubría muchas cosas en mi vida y regresaba esos años donde empecé a fortalecer las raíces que hasta ahora me han mantenido fiel a mí misma. Dice Nietzsche: “el individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo”.