Lover of life, singer of songs

Por Sol Pérez-Pelayo

El 5 de septiembre de 2017, Farrokh Bulsara, mejor conocido como la leyenda: Freddie Mercury, nació en lo que ahora es Tanzania, antiguamente Zanzíbar.

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Hace una semana fui a ver el notorio tributo a Queen: “Dios salve a la reina”. Los argentinos se hicieron muy famosos por ser el mejor tributo de la banda después de que inclusive el distintísimo Brian May los bautizara así. No me gusta decir imitación pero voy a utilizar el término de forma no desdeñosa, porque de verdad quedé realmente sobrecogida por la forma tan fidedigna en la que se plasmaba a los miembros de Queen, no sólo Freddie Mercury (Pablo Padin) quien es simplemente excelso representándolo, sino todos los demás, el baterista portaba el cabello rubio oxigenado de Roger Taylor (Matías Albornoz), el bajista la ademanes y el mini short de John Deacon el bajista (Ezequiel Tibaldo) y el guitarrista llevaba a la perfección el estilo de Brian May y sus distintiva cabellera (Francisco Calgaro).

Freddie Mercury lleva muerto desde 1991, pero aun sigue muy vigente como músico, personalidad e inclusive ícono de estilo. Eso es lo que pasa cuando te vuelves inmortal, trasciendes el tiempo y el espacio, vives para siempre en la cultura y en tus obras. Eso es lo más grande que puede aspirar un artista, llegarle al corazón de las personas, sea de una forma “buena” o “mala” lo que importa es que la obra sea sublime, que tenga una reacción en alguien y que no tenga vigencia. Que no sean simplemente una celebridad, o una moda del momento, sino que se conviertan en un estilo magníficamente reconocido y que venza al paso cruel del tiempo. El arte es belleza bajo nuestro control y eso es nutrición para el espíritu y mientras sigamos siendo humanos y no olvidemos tomar cargo de las cosas no etéreas, seguiremos buscando este placer sensorial que nos hace vivir un poco mas cada día.

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Los asistentes buscábamos todo esto, sabiéndolo o no, el poder de que un recuerdo o el poder de la música nos sacuda de tal modo que sentimos la vida en todo nuestro ser.

No puedo decir que el venue (Auditiorio Telmex) estaba abarrotado a más no poder, pero estaba considerablemente lleno para ser una banda “homenaje” la que se presentaba, he ido a conciertos ahí con bandas originales que no llenan ni la parte del primer balcón.
Entre el público destacaban familias completas con playeras con fotos de la banda, de Freddie, personas de mediana edad y jóvenes aunque no eran mayoría. Esto tiene que ver con la trascendencia de la banda. Parece que Queen sigue tocando, que siguen de tour,  chicos y grandes me dieron este efecto; de que el tiempo aquí se había detenido, de que estamos todos unidos por una causa y esta era la de rendir homenaje a algo (la banda) y alguien (obvio quién) que aunque ya se fue, sigue como un eco creciente. Lo que más pude darme cuenta entre más reparaba a las personas era que todos portaban sonrisas, puedo casi asegurar que fácilmente no vi amargados ahí, o gente con mala cara. Se les notaba ese pasito de emoción cuando andas inquieto por llegar a algún lugar donde sientes que debes de estar. No es una prisa con presión sino con emoción, como cuando los perritos caminan de brinquito cuando van a paseando por la calle. Eran una anticipación marcada por ver aquella banda que te comprende desde las entrañas, que te calienta la cabeza, te seca la boca, te sudan las manos y que te eriza la piel: la sensación de amor verdadero.

Me incluyo en esta horda de románticos enternecidos que estaban vehementes por entrar a auditorio. Desde la adquisición de mi boleto puedo decir que sentí ese brinquito en el estómago. Yo soy una persona que me considero entusiasta, las cosas mas pequeñas o eventos que parecieran no tener ninguna preeminencia en el long run, me emocionan. Si no siento emoción por algo que estoy haciendo tiendo a aburrirme y a dejar todo de lado. Este concierto homenaje me provocó emoción y me di cuenta que hacía lo correcto en asistir. Compré un tequila para ver el concierto más a gusto aún y me dirigí a mis asientos, séptima fila para poder ver con claridad todo.

Cuando las luces se sofocaron; en el auditorio hubo un grito unánime de hermandad casi escalofriante. Yo estaba tan emocionada como si fuera el mismísimo Freddie Mercury el que estaba a segundos de aparecer en el escenario. Escuché los conocidos acordes de una de mis canciones preferidas “Tie your mother down” escrita por Brian May, quien además es astrofísico y defensor animal: WIN.

Voy a ver bandas en vivo todo el tiempo, voy a conciertos, recitales, toquines, palomazos, ensayos etc, sobre todo de metal o sinfónicos y claro como mencioné, siempre siento emoción. Sin embargo, aunque yo sabía que de verdad no era Queen a quien iba a ver no puedo explicar que sentí exactamente cuando sentí en la cabeza como si estuviera borracha y se me puso la piel chinita, de repente cuando me di cuenta, ya estaba gritando en cuento Pablo Padinpisó el escenario, no era él, sino que en verdad era Freddie Mercury con su gorro de policía y atuendo de la cabeza a los pies de cuero. Se convirtió en un símbolo y nosotros en sus intérpretes. Entró en el escenario y todo el auditorio volvió a gritar como si en verdad Freddie hubiera aparecido ahí, reencarnado en este cantante argentino que lo emulaba a la perfección.

Mircea Eliade, fue un filósofo de origen rumano del cual disfruté mucho leer cuanto estaba estudiando mi carrera en filosofía y ciencias sociales pues dedicó mucha parte de su vida intelectual a la investigación del lenguaje simbólico de las religiones. La forma en que se emplea y como tiene peso en el comportamiento de los creyentes o fieles. Este lenguaje simbólico tiene repercusiones en el significado de mitos que son primordiales para el establecimiento del fenómeno de la religión y sus respectivos fenómenos místicos. Eliade los llamó HIEROFANÍAS, o sea manifestaciones de lo que se considera sagrado en una religión o en el mundo en general. Eliade dedicó cuantiosísimo tiempo a reconocerlas en las religiones antiguas y actuales, sobre todo para poder revelar las experiencias místicas que surgían a través de estos símbolos.

Por medio del simbolismo un objeto obtiene un valor añadido, más allá que el que su forma conviene desde su origen. Estos valores son adquiridos o inmediatos, la realidad es inmediata pero a temporal de este modo. Los símbolos nos revelan una realidad total que representa medios de conocimiento que de otro modo serían inaccesibles. Tenemos símbolos para todo, por dar un ejemplo aquí ad hoc, la chamarra amarilla representa a Freddie Mercury, la corona y la silueta con el puño levantado. Un símbolo que une a una religión es mucho más fuerte que solo un motto o una doctrina como tal, pues los símbolos se leen en todos los idiomas y no son meras representaciones, sino que son “la cosa en sí”. Cuando los fieles creyentes van en procesión de una virgen o un santo, aunque se sabe que no es realmente la virgen o el santo lo que llevan a cuestas de iglesia a iglesia, en ese momento se convierte en eso mismo, es la virgen y es el santo, lo más cercano que serán en esta dimensión.

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Tenía mucho tiempo que no asistía a un concierto dónde el púbico respondiera tan acertadamente y que tuviera esa buena conexión con la banda. Creo que existe algo muy específico que hace que esto sea realidad, esto es claramente nuestra adicción a los buenos recuerdos, a las buenas memorias y tiempos. Del modo que lo explica Eliade, de cierto modo sentía que todos los reunidos ahí (también puede ser en cualquier otro concierto con gran audiencia) principalmente respondíamos al gran símbolo que se ha convertido Queen y sobre todo Freddie del rock, de la felicidad y es sin duda un emblema de rock que no podrá ser borrado jamás. Su gran presencia en el escenario y manera de dirigir a la audiencia ha sido muchas veces imitado pero jamás ha sido duplicado o si quiera se han acercado a la par de él. Con su rango de cuatro octavas es difícil que alguien con ese talento y personalidad sea igualado. Así parecíamos todos los creyentes fans y admiradores, con las sonrisas en la cara en peregrinaje ecuménico al concierto.

Pero antes de volver a esto, voy a insertar aquí una graciosa y adecuada anécdota que representa la some kind of magic que provoca Queen.

Unos días antes de que asistiera al concierto del tributo, tuve una reunión con mis amigos de la escuela, a quiénes conozco desde el kínder, nos hemos visto crecer y madurar a través de los años, algunos de ellos ya han formado familias y no hemos perdido contacto. No es raro que nos reunamos, tomemos un par de tragos y escuchemos música, todos nuestros gustos muy indiferentes en géneros y estilos. A veces jugamos a poner una canción cada quien, lo cual resulta muy curioso pero en ese día optamos por una playlist muy chill de los 70s. Una pareja de mis amigos, traía a su hijo Santi, quien como cualquier niño de su edad es muy inquieto y curioso y tiene mucha energía. El niño estaba por todos lados y se subía a los muebles de la prístina y hermosa casa de nuestra anfitriona quién preocupada volteaba para todos lados siguiendo al niño con la mirada y la verdad que yo hubiera hecho lo mismo o quizás yo no me hubiera mostrado tan tranquila.


La música tiene un poder curativo, regenerador, relajante y apaciguador. Existe música para todo tipos de propósitos y me he dado cuenta que puede servir para varias situaciones, en el playlist de los 70s buscaba una canción para que Santi pudiera calmarse o concentrarse en ella,  ya fuera que nosotros aplaudiéramos para distraerlo o que se arrullara. A darle en aleatorio, empezó a tocar “Bohemian Rhapsody”. Prácticamente todo el mundo conoce esta canción, payasamente y entre broma y no, yo hacía un filtro en mis amistades con ella. Si la canción comenzaba y no comenzaban a cantarla conmigo: FUERA.

La verdad no siempre se aplicaba pero era una forma muy útil de reconocer quien en la borrachera y felicidad era digno de cantar conmigo uno de los himnos más cool que se han escrito. A los que nos encanta Queen y esta canción, no van a desmentir que por más horrible que cantes es divertidísimo hacer las voces y cantarla. La canción conocida por muchos sin embargo contiene importantísimas cosas que no se aprecian a primera oída. Bohemian Rhapsody estuvo en las listas de popularidad durante nueve semanas seguidas en el Reino Unido y volvió a ser la número uno después de la muerte de Freddie en 1991. Esto no sucede seguido, que un éxito ya añejo vuelva a las listas de popularidad, es el tercer sencillo que más se ha vendido en la historia. La canción es una innovación porque era algo que jamás se había hecho, era una canción larguísima. Comienza a capela, donde se aprecia la voz de Freddie de una manera limpísima. En esta parte, Santi seguía brincando por la sala, en la segunda parte donde comienza la balada en “mamaaaaaa just killed a man…” Santi se acercó a la sala y miraba a todos lados, cómo si jamás hubiera oído algo similar y se contoneaba de lado a lado .

Para ese entonces comenzamos a cantarla algunos en esa sala, al darnos cuenta que Santi respondía con efectividad a calmarse con la canción me dio gusto y sentí orgullo que un niño tan pequeño se sintiera tan feliz oyendo eso, obviamente mi cuerpo ya estaba cubierto de piel de gallina. Ya hacíamos air guitar en la tercera parte o parte del solo de guitarra y entonces comienza la parte operística, la más divertida de cantar haciendo voces y aunque cantes horroroso como dije, siempre es muy entretenido cantarla, ya parecíamos coro y Santi aplaudía y bailaba y pensé, ok, cuando lleguemos a la parte del rock Santi va a perder la cabeza… y pues todos la perdimos con él. “so you think you can think you can stone me and spit in my eyeeeeee?” para la coda ya habíamos algunos adquirido un humor bastante a gusto, un cierto tipo de trance de procesión religiosa. Los ánimos eran tranquilos y más divertidos entre todos. Santi se tocaba el estomago y escuchaba con una dicha envidiable la canción. Qué ganas de volver a sentirme así!- pensé-  Qué ganas de volver a sentir esa especial emoción al escuchar una gran canción por primera vez, de sentirme niña de nuevo… y me di cuenta que ya me sentía así, que siempre me he sentido así, porque cuando disfrutas de una canción que te encanta , de un sentimiento poderoso, de una obra de teatro, inmanente obra pictórica o una buena conversación inclusive te sientes cada vez más vivo y eso es combustible para el alma.

La nostalgia vive en todos nosotros y mientras mas viejos somos más intensa se pone. “Antes si se quería la gente, mira que seguridad había antes, antes todo era mejor etc.” Lo importante es que no andemos diciendo “en mis tiempos” o sintamos que todo era mejor antes porque todas las épocas tienen su encanto, todo tiene su tiempo y su razón de suceder y a veces se nos olvida que el mundo no gira alrededor de nosotros o que está destinado a ir en nuestro favor siempre. Concentrarnos en vivir el hoy y disfrutar de lo que pase es una parte importante para ser feliz y no estar siempre anhelando el pasado y sus contextos. Por supuesto que yo extraño cosas de mi pasado, pero al hacer esto estamos evitando el presente y estos momentos pronto son el pasado y te das cuenta que no estaba todo tan mal. Yo creo firmemente que como Freddie no habrá nadie más grande ni más talentoso, y eso es parte de mi aferre al pasado a la nostalgia que me mueve para seguir escribiendo cosas como esto sobre el pasado, sobre experiencias que ya no son porque está imposible ir a la par de tiempo.


En el momento que me di cuenta de esto me volví a sentir teenager o más joven y creo que esta es la parte que nos nutre de la nostalgia. Sentir que se eriza la piel y que la garganta se hace un nudo, aire en el estomago y que se esboce una sonrisa en la cara en cualquier momento que recuerdo una canción de Queen me hace sentir viva y eso es algo que no cambio por nada. Happy birthday star, long live the King, lover of life, singer of songs.

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