CTM FESTIVAL 2016 18th edition: New Geographies

Si existe una ciudad que de cabida a un festival con un formato como el de CTM, esa ciudad es Berlin. De hecho podría decirse que el festival nació para Berlín, para una ciudad que resurgió de sus propias cenizas a través del movimiento musical y cultural que se estaba gestando a la caída del muro.  Numerosos edificios abandonados retomaron su utilidad como clubes nocturnos, templos del techno y de la transgresión, donde la ciudad reivindicó su derecho a expresarse por fin libremente.

CTM nació en 1999 en el club María en Ostbahnhof, (Estación de tren del Este), el ahora llamado Yaam, en el barrio de Friedrichshain. El festival por aquel entonces llamado “Club Transmediale”, nació bajo la premisa de servir como soporte al “Transmediale Festival”, tal y como se mantiene hoy en día, y tenía, tiene como misión arrojar una nueva visión al incipiente desarrollo de diferentes prácticas artísticas nacidas en el seno del movimiento electro-techno, la cultura clubera y las artes de los nuevos medios. Esta primera edición del CTM llamada “10 Tage an der Schnittstelle von Bild und Ton” (10 Dias en la Interfaz del Sonido y la Imagen) estuvo organizada por Jan Rohlf, Marc Weiser, Lillevan Pobjoy y Timm Ringewaldt, con la colaboración de Oliver Baurhenn y Remco Schuurbiers. El festival se siguió desarrollando en los años siguientes con la excepción del año 2001, en el cual se suspendió por falta de fondos económicos, y siendo la edición de 2014 “Dis Continuity”, año en el que el festival celebró su 15 aniversario, la que registró el mayor éxito de su historia con una audiencia de más de 25.000 espectadores y 200 artistas participantes de 33 países.

La edición de este año, “New Geographies”, como su propio nombre indica, explora en profundidad las nuevas topografías híbridas surgidas en el marco de la globalización, así como la expansión de sus bordes y las consecuentes reacciones de resistencia que está propagación ha suscitado. Durante los diez días en los que transcurre el festival - más eventos que emanarán de él en los meses consecuentes-, los asistentes disfrutaron y disfrutarán de conciertos, exposiciones, talleres, instalaciones, discursos y la intensidad sonora de la escena clubera berlinesa. Bajo la supervisión del co-curador Rabih Beaini en cuanto a programa musical se refiere y a Nororient (Network for Local and Global Sounds and Media Culture) encargados de las exposiciones y las discursos, esta decimoséptima edición del festival pretende acercar a artistas y creadores de países con menor atención mediática. Este año como en años anteriores, el festival se desarrolló a lo largo y ancho de Berlín, desde clubes como el mítico Berghain/Panorama Bar hasta salas de exposiciones como Kunstquartier Bethanien y contando por primera vez este año con Werkstatt der Kulturen.

Para establecer en la medida de lo posible un mapa dónde se desarrollaron la mayor parte de las discursos, exposiciones y conciertos deberíamos dividir el festival en cuatro secciones temáticas diferentes, por un lado, la homónima “New geographies” en la que podríamos englobar las manifestaciones musicales, o “adventurous music” como los organizadores prefieren referirse a las prácticas musicales y artísticas del festival. Prácticas que más allá de poder denominarse “electrónicas”, al menos musicalmente hablando, fluctúan hoy en día en un limbo en el que la música electrónica misma está influenciando prácticas analógicas contemporáneas y viceversa, enriqueciéndose mutuamente la unas a las otras. Por otro lado, encontramos la exposición y serie de discursos “Seismographic Sounds. Visions of a new world” que se desarrolló en la sala Kunstraum Kreuzberg/Kunstquartier Bethanien. Allí pudimos ver la obra de 250 artistas de más de 50 nacionalidades, mayormente concerniente a las posibilidades o limitaciones que la globalización y la digitalización están agregando al mundo del arte y de la música. Esta serie de obras nos muestra la versatilidad a la que el mundo de la cultura está expuesta en la era de las redes sociales e internet. Bajo el nombre de “Rituals” encontramos en HAU2 la obra del artista Vincent Moon, una serie de videos que exploran el concepto del trance en diferentes culturas modernas a través de un viaje sonoro y visual embriagador. Por último, y cabe mencionar, como uno de las atracciones principales del festival, encontramos la intalación del artista Christopher Bauder y el compositor Robert Henke “Deep web”, que tuvo lugar en Kraftwerk Berlin, y en la que los asistentes pudieron disfrutar de una experiencia sonora y visual sin precedentes. Esta intalación creada con sistemas de láser a gran escala, se compenetró perfectamente no sólo con la música con la que estaba coreografiada, sino con el edificio mismo de Kraftwerk creando diferentes tipos de figuras geométricas que fluían dentro de su propia luminosidad.

Como comenté al comienzo del artículo, CTM podría considerarse lo que Robert Irwin creó en los 70 para referirse a obras de arte concebidas para un lugar en concreto, “Site specific”, en este caso, podría decir que el CTM es un “site specific festival”, creado por y para Berlín y en el que el asistente puede saborear la esencia misma de esta ciudad camaleónica.

Como artista y asistente puedo decir que considero que para entender Berlín en profundidad, es necesario conocer su escena musical y artística, en definitiva lo que le da el sello de identidad tan especial a esta ciudad. Creo que la labor del festival CTM va mas allá de la de ser un mero festival artístico-musical, para convertirse en una seña de identidad, y así mismo en un lugar de reflexión sobre las sociedades contemporáneas. Como uno de sus creadores, Oliver Baurhernn, afirmó “Music is an interesting seismograph of societal changes, politics, and how we as societies deal with these changes. That’s why these themes are quite important to us.” (La música es un sismógrafo interesante de los cambios sociales, y políticos, y de cómo nosotros, como sociedades mismas lidiamos con estos cambios).

 “Seismographic Sounds. Visions of a new world”

“Seismographic Sounds. Visions of a new world”

En esta edición pudimos ver una gran carga política y no es de extrañar, con la crisis europea y más concretamente en Alemania de la inmigración, los creadores del festival abrieron las puertas a la experimentación, a la reflexión sobre esta crisis y a la realidad de un mundo cambiante que de igual modo se refleja en la música y en el arte. Pudimos ver una gran cantidad de artistas y de manifestaciones artísticas no provenientes de occidente, del lado favorecido del mundo, sino que los que asistimos pudimos saborear el debate, el cambio al que el mundo contemporáneo se está viendo sometido, a las sacudidas que nos están haciendo poner miras más allá de nuestro ombligo, de nuestra parte del mundo conocida, para considerar no sólo otros puntos de vista, sino también otras formas de arte. De algún modo Joseph Beuys ya habló de acercar el arte a la vida, que es y ha sido siempre un problema filosófico, liberar al arte de su peso y convertirlo en algo efímero, como la vida misma, como el día a día, se pone aquí de manifiesto más que nunca. Y es que el festival aún sacando de nuevo a la luz teorías del siglo pasado, es de una actualidad arrolladora.

 “Seismographic Sounds. Visions of a new world”

“Seismographic Sounds. Visions of a new world”

Una de las ideas que más me rondó la mente paseando por Bethanien, dónde como mencioné anteriormente pudimos encontrar la serie de exposiciones y discursos “Seismographic Sounds. Visions of a new world”, fue el concepto de “Aura”. De hecho encontré en una de las salas un poster dónde se hablaba en concreto de ello. A lo largo y ancho del recinto se pudieron ver “corta y pegas”, loops de conocidos videoclips, extractos de canciones famosas que los artistas reinterpretaron e hicieron suyos. ¿La idea subyacente? No viene a ser nada nuevo, el concepto de aura se perdió ya en los albores de la invención del cine, hoy en día sólo vemos su manifestación más extrema cuando los “nativos digitales” usan a su antojo obras de otros, las retocan, las trastocan y las hacen suyas, despojándolas así de cualquier indicio que pudiera quedar de su “aura”. Como ya predijo Walter Benjamin en el siglo pasado, a las obras se les quita su autenticidad, se las despoja de su halo y de su condición cultual para convertirlas en un objeto de masas, se las emancipa de su ritual para dotarlas de una mayor visualidad. En la era de la globalización no es de extrañar que esta sea una de las prácticas artísticas más proliferas, y es que cuando el arte se libera de su parte ritual la parte política sale a flote inminentemente. Estas prácticas como el festival nos muestra, no son para nada dañinas, sino que dotan a la obra de una dimensión participativa, se crea una colaboración directa o indirecta propiciada mayormente por el acceso a internet.

 “Seismographic Sounds. Visions of a new world”

“Seismographic Sounds. Visions of a new world”

Hasta ahora como pudimos leer a lo largo de la exposición, eran sólo los niños ricos los que tenían mayor acceso a la música, pero gracias a este fenómeno de apropiacionismo participativo las cosas están cambiando. “The Internet and pirated software have totally changed the power dynamic inglobal music in the Arab World and else-where. It’s not only the rich kids who speak anymore. The best example is the rise of the Egyptian dance music from the streets, called mahraganat, in the years 2006 and 2007. It has become the omnipresent sound-scape of Cairo, flying out of every micro-Shopping, every taxi and every tuc-tuc.” (Internet y la piratería han cambiado por completo las dinámicas de poder en el mundo árabe y en todas partes. Ya no son sólo los niños ricos los que tienen la palabra. El mejor ejemplo es el desarrollo de la música egipcia de baile en las calles llamada mahraganat en los años 2006 y 2007. Se ha convertido en el omnipresente sonido de escape del Cairo, volando lejos de cada micro-Shopping, cada taxi y cada tuc-tuc) Nos cuenta Maha ElNabawi, editor del libro “Seismographic sounds”.

Si hablamos de “aura” y “apropiacionismo”, nos remitimos a su vez al arte conceptual. La artista serbia Svetlana Maraš con su obra "Matter of Fact" despuntó en cuanto coherencia y adecuación con las premisas del festival. Con una composición basada en “corta y pegas” de clips y otras obras expuestas en el festival, analiza la relación texto-música desde una perspectiva totalmente innovadora. Para Maraš, el texto es la columna vertebral de su obra y no los clips o la música, introduciendo en una pequeña caja una palabra, el espectador cambia la música y los clips que se proyectan en una pantalla. Esta palabra contextualiza en sí misma la obra, pero no dotándola de sentido alguno, como ocurría en las obras de Jenny Holzer o Barbara Kruger, sino todo lo contrario, la palabra y todo lo que la rodea, pierden su significado o ganan uno absolutamente absurdo.

“Rituals” del video artista Vincent Moon y proyectada en HAU2 a modo de instalación multipantalla, nos muestra un recorrido a través del trance en distintas culturas, y es que el artista viajó alrededor del mundo para investigar in situ rituales de ayahuasca en Perú, trance en Brasil o sufismo en Chechenia. Más allá de ofrecer un punto de vista crítico o analítico, Moon, nos acerca a la cultura de un modo despojado de todo prejuicio, nos deja el camino libre para que experimentemos lo que él probablemente sintió al infiltrarse entre estas gentes. Nos permite sentir, que no interpretar, y eso es algo que no muchos creadores consiguen. Se alternan los cantos, los zumbidos, los gritos, el viento, la conexión que nos une a todos en esencia, las imágenes se superponen en la pantalla.

 

Por último, y pese a haber aún muchos más artistas que me sorprendieron gratamente, me gustaría mencionar la atracción principal del festival, “Deep web” de Christopher Bauder y Robert Henke. La estructura luminosa que formaba estas olas estaba compuesta de 175 esferas luminosas y 12 sistemas de lásers que se compenetraban a la perfección con el edificio de Kraftwerk. Como suele pasar con los clubes berlineses, un club no es meramente un club, sino que es un compendio arquitectónico e histórico que además contextualiza el sonido que ahí dentro se genera. Kraftwerk es uno de esos clubes que aúnan a la perfección una estructura sacada de una película cyberpunk y una acústica de ensueño. Si a todo esto le unimos la magistralidad con la que ambos Bauder y Henke pusieron en escena “Deep Web”, tenemos una experiencia visual y sonora cercana al surrealismo que todos alguna vez en nuestra vida deberíamos experimentar. Para aquellos curiosos que tengan la ocasión, la obra se exhibirá en Lyon en diciembre de 2016.

CTM pese a ser la antesala de otro festival  “Transmediale”, no dejó con mal sabor de boca a los amantes de la música y el arte experimental, es un festival concebido para pequeñas audiencias, y es así como sus creadores prefieren mantenerlo. Al final y al cabo, pese a no existir un arte aurático hoy en día, aún podemos decir que ciertas manifestaciones se mantienen en la esfera de culto. Esta es una de ellas.

* Como guinda del festival, y a modo de eco, el 12 de mayo en Berghain podremos asistir a Polymorphism con Tim Hecker, Wolf Eyes y We Will Fail.